Pierre-Agustin Chaboseau


PIERRE-AUGUSTIN CHABOSEAU (1868-1946)
UN SERVIDOR DESCONOCIDO


Por Christian Rebisse

Cuando se evoca la Orden Martinista, inmediatamente viene a la memoria el nombre de Papus. A menudo se olvida que este movimiento espiritualista cuenta con brillantes personalidades, sin las cuales no hubiera alcanzado el éxito con que la hemos conocido. Aunque algunos colaboradores de Papus, tales como Stanislas de Guaita, F. Ch. Barlet (Albert Faucheus), Sedir (Yvon Leloup), son de sobra conocidos, hay otros como Victor Emile Michelet y Agustin Chaboseau que han quedado en la sombra.

Conocemos mejor a Victor Emile Michelet desde que Richard E. Knowles le ha dedicado un libro (1), pero Agustin Chaboseau, ha sido ignorado por los biógrafos (2) Este servidor desconocido, esconde sin embargo, múltiples talentos. Y si bien es cierto que Papus fue el Organizador del Martinismo moderno, a menudo se olvida que tuvo un asociado, Agustin Chaboseau, y que éste debe ser considerado como fundador de la Orden Martinista. Ha llegado, por tanto, el momento de que conozcamos más ampliamente esta atrayente personalidad, por su contribución a la conservación del Martinismo Tradicional y por su cualidad de humanista. Hemos podido redactar esta biografía gracias al reciente descubrimiento de los archivos de la familia de Agustin Chaboseau. Las principales informaciones que figuran en este articulo, pertenecen a un pequeño cuaderno titulado "In Memoriam de Agustin Chaboseau", escrito por Madame Rosalie Louise Chaboseau poco después de la muerte de su marido. (3).

También van a ser utilizadas las notas manuscritas que Agustin Chaboseau tenía cuidadosamente archivadas, y que estaban destinadas a formar parte de su diario, bajo el titulo de: "Mi libro de abordo, sesenta años de navegación Literaria y Política".


LA FAMILIA CHABOSEAU

Pierre Augustín Chaboseau nació en Versalles el 17 de Junio de 1868, su doble nombre nos lleva hasta sus orígenes. El primero, Pierre, lo heredó como continuación de una larga tradición familiar que provenía del siglo XIII. Efectivamente, hacia 1220, el Duque Pierre I (4), se detuvo un día en una posada y actuó de padrino del primer recién nacido de un antepasado de la familia Chaboseau. A partir de ese momento, fue tradicional que el primogénito de cada generación llevara el nombre de Pierre.

La familia Chaboseau (que anteriormente se escribía Chaboseau de la Chabossiere) tiene sus raíces en la nobleza Francesa, y Pierre-Augustín hubiera podido hacerse llamar por los siguientes títulos: Marqués de la Chabossiere y de Langlermine, Conde de Kercabus, Kerpoisson, de la Moriniére, Trévenégat, la Béliniére, la Pommeraye, Barón de la Borde, de Atrie, el Poreau, Rivedoux.

Los Chaboseau eran también Señores de la Fuye, Procé, Bodoüet, la Guionniére, la Tillerolle, Saint-André, Kerlain, Kefressou, Kernachanan, tierras nobles del poitou, de vendée, de Maine y Loire, Mayenne, Sarthe, Bretagne, Loire inferior ille y Villaine, Orne y Côtes Nord (5). Durante la revolución francesa, el poseedor de estos títulos los quemó en "el el altar de la razón", y se arruinó completamente. Augustín no utilizó jamás el nombre de Pierre para firmar ninguna de sus obras, ya fueran poéticas, literarias, científicas o históricas. Tan sólo utilizó el de Augustín.

Este segundo nombre le fue dado por su madre, Elisa-Celestine (1.847 - 1.920) en recuerdo de su padre, Antoine-Augustín Lepage, a quien rendía un verdadero culto. Augustín-Marie Chaboseau (1.835-1.898), padre de Augustín, era militar, y su carrera le exigía frecuentes desplazamientos. Estos viajes no fueron nunca un problema para los estudios del joven. Es necesario decir que el joven Augustín demostró siempre una aptitud fuera de lo común para los estudios. El trabajo del Liceo no podía saciar su apetito intelectual. "devoraba" todos los libros de las bibliotecas escolares y todos aquellos que sus padres y amigos ponían a su disposición.


LA JUVENTUD

A la edad de catorce años, ya había leído enteramente la Biblia. Esta lectura trastornó hasta tal punto al joven adolescente, que constituyó el punto de partida de lo que a lo largo de toda su vida, fue su mayor preocupación: leer, estudiar y comparar los textos sagrados de las distintas religiones. Dedicó sus vacaciones de navidad del año siguiente a la lectura de El Corán, una vez que hubo regresado al Liceo de Mans, fue el diccionario de ciencias filosóficas de Adolphe Franck lo que leyó y releyó, tomando numerosas notas.

Después fue el diccionario de las literaturas redactado bajo la dirección Vapereau, lo que llamó su atención. Lo recalca en su diario: "Lo que aprendí gracias a Franck y Vapereau durante el año escolar 1882-1883, es la base de lo que se considera mi erudición". Al año siguiente se sumerge en "La Imitación de Cristo".

¿Es Augustín Chaboseau un superdotado? Es difícil de afirmar, en cualquier caso, posee aptitudes poco comunes en algunas materias. "Los Franceses conciben que se tenga una vocación irresistible por la música, el dibujo, la pintura... Pero nunca nadie ha admitido que se sienta un gusto similar por el poliglotismo. Sin embargo... antes de mi entrada en el Liceo, mi madre había comenzado mi iniciación en el Inglés, mi padre había hecho lo mismo con el alemán, y me había confiado a un bachiller para que me enseñara el latín que correspondía al programa del octavo curso. Excelente preparación, pero insuficiente para explicar que desde que llegué al séptimo curso, fuera el mejor alumno de latín y de alemán, y que cuando pasé al sexto, fuera el mejor en griego, y todo ello sin apenas darme cuenta, incluso puedo decir que sin el menor esfuerzo. Así continuó todo durante los cinco o seis años siguientes en lo relativo al italiano, provenzal, catalán, español, portugués, así como flamenco y holandés. Cuando estuve en Pau, en tan sólo unas semanas me familiaricé con el bearnés, y después naturalmente, con el gascón. Después de la enseñanza secundaria, me sumergí hasta el cuello en el sanscrito. Un ruso me enseñó su lengua en pocos meses, y como consecuencia, no tardé en poder traducir cualquier cosa del olonés y del servio (6) Más tarde, aprendí el bretón, el esperanto, y al mismo tiempo leía el sánscrito y el pali". A este don de lenguas, hay que añadir el que heredó de su padre: la música. Tomó clases de piano desde los seis años de edad, y toda su vida tuvo pasión por la música y el canto.

La partida de su padre hacia otra guarnición, fue ocasión de nuevos encuentros que le abrieron otros campos de investigación. A pesar de este desplazamiento, el padre de Augustín quería que su hijo terminara el año escolar en el liceo de Mans, y por ello, le confió a su amigo Jean Labrouse que como el padre de Augustín, era oficial.

Los Labrouse eran espiritistas convictos y estaban muy unidos a Pierre-Gaetän Leimarie, redactor en jefe de "La revista Espiritista". Este encuentro abriría el espíritu del jovencito hacia "Los Mundos Invisibles" y contribuiría a depositar en el "el primer germen de sus preocupaciones místicas" (7).

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