Sudario hallado en Jerusalén cuestiona Sábana Santa de Turín

Un equipo de arqueólogos anunció ayer el hallazgo de una mortaja de la época de Jesús, en una tumba en Jerusalén, que es muy distinta al famoso Santo Sudario, lo que revela que éste es de una época posterior.

Un equipo de científicos ha descubierto -por primera vez, junto a la vieja ciudad de Jerusalén- un sudario que pertenece a la época de Jesús en una tumba descubierta del siglo I . La mortaja difiere mucho de la polémica Sábana Santa expuesta en la Catedral de San Juan Bautista de Turín, Italia, lo que lleva a los autores del estudio a concluir que esta última no data de esos años.

Hasta ahora, muchas personas creen que el llamado Santo Sudario -que muestra la imagen en negativo fotográfico de un hombre que fue crucificado- sirvió para envolver el cuerpo de Jesucristo. Sin embargo, éste se trata de una falsificación y lo datan en la Edad Media.

"Basándose en que este sudario es representativo de las mortajas utilizadas comúnmente en la época de Jesús, los investigadores concluyeron que el sudario de Turín no había sido fabricado en Jerusalén en la misma época", dijo el historiador Orit Shamir.



El paño recién encontrado tiene un tejido mucho más sencillo, una textura diferente y está dividido en dos piezas, mientras que la famosa reliquia es más compleja y está elaborada en una sola pieza.

LEPROSO MÁS ANTIGUO

El análisis genético de los restos hallados en la tumba, investigada desde el año 2000, arrojó, además que el cadáver embalsamado es el caso más antiguo probado de lepra, registrado en el siglo I.

El cuerpo estaba en una tumba del cementerio conocido como Akeldama ("campo de sangre", en arameo), cerca de donde la tradición sitúa el suicidio de Judas Iscariote tras traicionar a Jesús.

Los investigadores, de las universidades Hebrea de Jerusalén, Lakehead de Canadá, New Haven de EE.UU. y University College de Londres, creen que el cadáver corresponde a un sacerdote o miembro de la aristocracia, porque estaba enterrado junto al de Annas, un sumo sacerdote pariente de Caifás.

El estudio, publicado en Plos One, describe otro hecho curioso:  el cadáver no recibió una segunda sepultura, como era costumbre en la época, cuando un año después de la muerte se quitaban los huesos al cuerpo y se metían en un osario.

El profesor Mark Spigelman, de la Universidad Hebrea, explica esta anomalía en que el hombre padecía de lepra y de tuberculosis, dos enfermedades halladas en el ADN de sus huesos y que, aparentemente, motivaron, además, que el acceso al nicho fuese sellado.

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