Ceremonia de gratitud


El maestro Nicolás Rogalev, Nabusar, está sepultado en Chile en el único cementerio ruso de Sud América. Tras un abandono de su tumba durante muchos años, la Orden Martinista, reactivada por el G.M. de la Orden, S.V.C. (Serval), se dedicó a mandar edificar un memorial y anualmente los Iniciados Martinistas la visitan. En esas ocasiones, se hace una ceremonia de agradecimiento y recuerdo del M. Nabusar y de todos los Maestros Idos de la Cadena Iniciática.

En la comuna de Puente Alto, en el sector Bajos de Mena, sobre un terreno alargado de una hectárea, se enfilan ordenadamente unas 400 tumbas entre un bosque de pinos altos. Cada una luce una cruz ortodoxa, con tres travesaños sobre el eje vertical, y sobre las lápidas nombres en alfabeto ruso. En su mayoría nacidos en Rusia a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. "Rusos blancos" (detractores del régimen comunista), que salieron tras la revolución y que después de un largo e inestable periplo por Europa Central fueron acogidos en América Latina.


Los ortodoxos que llegaron a Chile tenían clarísimo que lo primero que harían sería fundar una iglesia y un cementerio propios. "La necesidad de construir un cementerio tenía que ver con la obligación que tienen los ortodoxos de sepultar a sus muertos según el rito ecuménico, en un cementerio propio, con una capilla ortodoxa", explica Alexandra Buzhynska, miembro del comité administrador del cementerio.

Y así lo hicieron. Con donaciones y pagos de cuotas, la idea empezó a cristalizarse con la compra de una pequeña iglesia en Recoleta (después fue reemplazada por una en Ñuñoa) y la compra de una hectárea en Puente Alto, justo al lado del cementerio católico.

Allí existen hoy 400 tumbas, varias de personajes notables dentro de la colonia, como la del obispo Leoncio, fallecido en 1971, primer y único obispo chileno de la iglesia ortodoxa rusa en exilio.

Unas 720 familias rusas (3.000 personas) acogidas por el gobierno de Gabriel González Videla terminaron en Chile un largo éxodo.

En el número 2395 de la Avenida Eyzaguirre, en Puente Alto, una cúpula en forma de cebolla sobre el portón, típica de la arquitectura rusa, es la única señal de identidad.

Fundada en 1954, esta necrópolis rusa es la única en Sudamérica. Los terrenos fueron comprados en dos tandas por la Asociación Pro-Cementerio de los Rusos Ortodoxos en Chile. Aunque al comienzo fue concebida sólo para los "rusos blancos", hoy cualquier ruso tiene derecho a ser sepultado ahí. Sólo es necesario ser miembro de la asociación y pagar la cuota anual, aunque la directiva también analiza y aprueba peticiones especiales. "Con la caída del régimen comunista sólo existen los rusos. Se borraron las diferencias. La única condición es que tienen que ser ortodoxos, por los ritos", aclara Gauzen.

De todas las tradiciones, la obligación de sepultar en tierra es la más importante. Por lo mismo, en este cementerio no se observan nichos. Y los ortodoxos chilenos, más conservadores que liberales, tampoco aceptan la cremación.

En este camposanto, el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, no tiene importancia. Es la Pascua de Resurrección la fiesta religiosa más importante. Por eso, cada año en esa fecha se celebra una misa para los difuntos en la capilla del cementerio, ocasión en la cual un sacerdote reza sobre cada una de las tumbas y recuerda con plegarias el alma del difunto.

Ese día el cementerio se llena de familiares que, de acuerdo con la antigua usanza, dejan sobre las tumbas velas, huevos pintados y pan de Pascua. "En Rusia se acostumbra a que los pobres e indigentes esperan fuera del cementerio a que termine la misa. Cuando los feligreses se van, ellos entran y consumen estos obsequios sobre la tumba de cada difunto, rezando por el alma sepultada allí", relata Gauzen.

Benjamín Zagal, el cuidador, explica que la tasa de entierros es bajísima (cuatro o cinco por año), lo que se atribuye a la conocida longevidad de los rusos. El recinto está todavía en la mitad de su capacidad, lo que significa que hay cupo para 300 tumbas más. Suficiente por ahora, considerando que la colonia rusa en Santiago no supera las 300 familias (1.000 rusos, de los 5.000 que según la embajada hay en todo Chile).

Artículo relacionado: Biografía del M. Nabusar: http://www.iniciados.org/martinismo/rogalev.htm


La Orden Martinista en Chile está recibiendo personas de buena voluntad interesadas en su crecimiento personal y espiritual e interesadas en el servicio a la humanidad. Si le interesa, por favor envíe un email a correo @ iniciados.org

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