Defensa y Ataque Psíquico

Protección ante ataques psíquicos

La forma más común de ataque psíquico es ése que procede de la mente ignorante o maligna de nuestros seres humanos compañeros. Decimos ignorante así como maligna, pues no todos los ataques son motivados deliberadamente; el daño puede ser tan accidental como el infligido por un ciclista que nos pasa a llevar. Debe tenerse esto siempre presente, y no deberíamos imputar malicia o malignidad como una cuestión de hecho cuando sentimos que estamos siendo hechos las víctimas.

Nuestro perseguidor puede ser él mismo una víctima. No deberíamos acusar a un ser humano de malicia si hemos estrechado nuestra mano con él y él ha pisado un cable o un suelo electrificado. En cualquier caso, recibiremos de sus manos un severo choque eléctrico. Igual puede suceder con muchos ataques ocultos. La persona de quien emana puede no haberlo originado. Por lo tanto, nunca deberíamos responder al ataque con el ataque, bajándonos así al nivel moral de nuestros atacantes, sino que deberíamos apoyarnos en métodos más humanos, que son, en realidad, igual de efectivos y mucho menos peligrosos de manejar.


La gente entra también en contacto con el Invisible a través de la influencia de lugares. Alguien que no es realmente psíquico, pero que es lo suficientemente sensitivo para percibir las fuerzas invisibles inconscientemente, puede ir a un lugar en donde estén concentradas en elevada tensión. Normalmente, aunque nos movemos en medio de estas fuerzas (pues ellas sustentan nuestro universo), estamos abstraídos de ellas. Donde se concentran, sin embargo, a no ser que seamos de mente muy densa, empezamos a ser tenuemente conscientes de algo que nos está afectando y excitando nuestro ser de manera subliminal.

Puede suceder que la barrera entre la conciencia y la inconsciencia sea densa en algunas personas y nunca sean capaces de realizar claramente lo que está sucediendo. Simplemente tienen la sensación de opresión y malestar general, que se quita cuando marchan a otro lugar. Consecuentemente, la condición nunca puede ser detectaba, y conduce a años de mala salud y miseria.

Más comúnmente, sin embargo, si hay un ataque psíquico definido de fuerza suficiente para hacerse notar, pronto empezarán a aparecer sueños característicos. Estos pueden incluir una sensación de peso sobre el pecho, como si alguien se estuviera arrodillando sobre el que duerme. Si la sensación de peso está presente, es seguro que el ataque emana localmente, pues el peso es debido a la concentración de substancia etérica y es suficientemente tangible para presionar hacia abajo el fiel de una balanza cuando es posible capturarlo para su medida. 


Una sensación de miedo y opresión es muy característica del ataque oculto, y uno de los signos más seguros que lo anuncian. Es extremadamente raro que un ataque se manifieste de la nada. Podemos estar en nuestro estado normal de mente, cuerpo y circunstancia, y entonces nos encontramos de repente en el medio de una batalla invisible. Una influencia oculta que se aproxima arroja su sombra en la conciencia antes de hacerse aparente al no psíquico. La razón de esto es que percibimos inconscientemente antes de realizar conscientemente.

Conforme el ataque progresa, el agotamiento nervioso se hace notorio  y puede haber, bajo ciertas condiciones, tal desgaste de los tejidos que la víctima es reducida a una mera concha de piel y huesos sin sangre, tumbada en la cama, demasiado débil para moverse. Y sin embargo no puede demostrarse ninguna enfermedad definida.

Tal caso es un ejemplo extremo. Son posibles otros resultados, sin embargo. La resistencia puede ser buena, en cuyo caso el ataque es incapaz de conseguir un agarre sobre el plano físico, y es limitado a esa tierra fronteriza entre la materia y la mente que percibimos en el umbral del sueño. Esta es una experiencia muy terrible, pues la víctima tiene miedo de dormir y no puede mantenerse indefinidamente así. Fatigada por el miedo y la falta de sueño, el derrumbamiento mental pronto sobreviene.

El agotamiento nervioso y el derrumbamiento mental son los resultados más comunes del ataque. Pero además de los fenómenos puramente subjetivos, los habrá también objetivos si el ataque tiene algún grado de concentración. El fenómeno de la resonancia es bien conocido, el fenómeno en el cual aquello que le acontece al cuerpo sutil se refleja en el cuerpo denso, de modo que después de un retorcimiento astral durante el sueño, se encuentran magulladuras en el cuerpo físico, a veces magulladuras de un modelo definido. 


Los malos olores son otra manifestación de un ataque astral. El olor característico es el de la carne en descomposición, y viene y se va caprichosamente; pero mientras está manifestándose, no hay duda alguna sobre él, y cualquiera que esté presente puede olerlo, sea o no psíquico. 


Antes de vivir estas situaciones más extremas de ataques síquicos, producto de vibraciones inferiores o perturbadoras, es preferible prevenir y capacitarse para estar protegido, especialmente en el mundo actual, tan lleno de pensamientos y emociones negativas y egoístas.


Dion Fortune con Serval Dion Fortune

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