La rosa

Rosas del jardín de prácticas espirituales
de la Fraternidad: "Ágora Oriente".
Comienza a manifestarse nuestra creación tangible, la esencial unidad vestida en múltiples facetas de separatividad, de individualización, de particularidad. Empezamos a definirnos como seres separados, distintos, con formas, colores, alturas, dimensiones, actitudes, que nos representan distintos de los demás. Dejamos atrás la esencialidad y nos asombramos con la belleza de la naturaleza que nos impacta.

Qué mejor representación de la naturaleza que la rosa, que nos impresiona con su belleza y fragancia, nos habla de perfección, de simetría, de poesía, de sedosidad.

Representa también el amor. Los antiguos pueblos así lo entendieron y la ofrendaban a los Dioses del Amor de ambos sexos. Teócrito cuenta, que los enamorados se pasaban mutuamente sobre los dedos hojas de rosas y si soñaban, forzados por este dulce sortilegio, eran para ellos una gran prueba de amor y de fidelidad.

La rosa también es el símbolo de la felicidad. Ya Cicerón expresa, que los felices tienen lecho de rosas.

La rosa es el símbolo del sigilo, del silencio. En los antiguos misterios, no faltaba jamás la rosa, tanto dentro del santuario como en el pórtico donde el guía le llamaba la atención al neófito sobre tal emblema expresándole que tan sólo era elocuente por su presencia y por el misterio que en ella se encerraba, pero que nunca hablaba. Con esto quería decirle —y así se lo recomendaba— que había que ser mudo y callado como lo era la rosa.

Dicen algunos oradores de aquellos tiempos que así como las hojas de la flor de la rosa están unidas sin dejar penetrar lo más mínimo, de igual manera debe ser el secreto, intransitable.

La rosa es el símbolo de la Instabilidad o Inestabilidad, que preside a todo lo que nace y muere. Hoy vemos la rosa, fresca, erguida y lozana. Mañana, amarilla, lacia y mustia. Así en los Misterios antiguos, la rosa blanca era el símbolo de la muerte y el emblema de la destrucción.

La rosa, es un constante memento mori, en otras palabras, nuestra mortalidad, que a cada paso debe hacernos recordar que somos de polvo y en polvo hemos de convertirnos. Es un anuncio permanente de que la muerte nos ronda a cada instante.

Verdaderamente que es curioso, que en ninguna ocasión falten las rosas. La ofrecemos a la mujer amada y aun después la vemos colocada sobre el ataúd de la pobre novia muerta.

Finalmente, es el símbolo de la virginidad. Todo lo que sea puro, inmaculado, limpio y pudoroso, está encarnado en la rosa que nunca pierde su perfume aunque manos impuras la toquen.

Nuestra personalidad es esa rosa, bella, amorosa, inmaculada, nos habla de felicidad, de sentimientos sublimes, del silencio de nuestra propia esencia espiritual, que debemos redescubrir en la medida que van cayendo cada una de nuestros pétalos, acercándonos a la muerte, al momento final de ésta existencia y a la búsqueda de la fuente de donde vinimos; pero aún en ese último momento estaremos esparciendo nuestra fragancia, nuestras virtudes, como nuestra rosa.

Que las rosas florezcan en nuestra cruz.

Frater R.V., Adonai.

2 comentarios:

Soledad González dijo...

Oooohhh gracias por compartir tan hermoso relato. Cuando el hno lo leyó no lo sentí como ahora. Que importante es el simbolismo de la rosa, representa la vida, la muerte y nuestra personalidad. Esa personalidad que se va puliendo con la caída de cada pétalo. Gracias!

OlGui NoNNiss dijo...

Muuuchas Gracias por tanta LUZ en todo lo que comparten!. que tengan un muy bendecido año y sigamos aprendiendo dia a dia,desde Concordia,Argentina abrazo de LUZ y AMOR!!!!!

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