Los Siete Rayos. Angelus. Tercera parte.

CAPITULO 5: COMO CONOCER NUESTRO RAYO PREDOMINANTE

Extracto monografía. Por Maestro Serval.

De la trinidad del logos, la Voluntad Superior, fluyen los siete principios creativos que caracterizan al ser, compuesto de individualidad y personalidad, siendo esta última la unión de los niveles mental inferior o concreto, emocional o astral, etérico y físico.

Los rayos permiten conocer la naturaleza de las energías subjetivas y las cualidades que coloran y condicionan la forma.

Si una persona tiene tendencia marcada hacia un rayo, es porque su individualidad irradió esta modalidad determinando su existencia física, llevándole a elegir determinadas experiencias que necesita para seguir evolucionando. Esto provoca que la mayoría de las características de un rayo determinado se encuentren presentes, pues se complementan unas a otras; algunas tienen relación de causa y efecto.

Es fundamental tener en cuenta que aunque predomine un rayo, todos los demás están también actuando.

Todo esto se refiere a quién conduce su vida guiado por su individualidad, por su ser espiritual. No se percibe claramente en un hombre-máquina, en un ser autómata, un hombre del torrente, que se deja llevar por sus instintos, reflejos y respuestas condicionadas.

Louis-Claude de Saint-Martin (1743-1803), llamado el Filósofo Incógnito, creador de la corriente iniciática conocida como el Martinismo, clasificaba a los seres humanos en Hombres del Torrente, Hombres de Deseo, Hombres Nuevos y Hombres de Espíritu, según su grado evolutivo.

Cada individuo vibra. La materia emite sonidos, palpita y refleja colores. Cada ser humano puede emitir un sonido específico. Al emitirlo produce un color y la combinación de ambos indica su propia medida de vibración  específica. Cada ente de la raza humana pertenece a alguno de los Siete Rayos, en consecuencia predomina algún color y se emite algún sonido; las graduaciones son infinitas y los matices del color y sonido son innumerables. Cara Rayo tiene sus rayos subsidiarios a los cuales domina, actuando como rayo sintetizador.

Un rayo confiere por medio de su energía:

  • Condiciones físicas peculiares.
  • Determina la cualidad de la vida afectiva.
  • Colora el cuerpo mental.
  • Predispone a que el individuo manifiesta cierta fortaleza o debilidades, lo cual constituye su principal limitación, dotándolo al mismo tiempo de capacidades y posibilidades.
  • Gobierna sus relaciones con otros seres humanos.
  • Le da su propia tonalidad en su personalidad y moldea su apariencia física.

Ciertas actitudes de la mente son fáciles para un tipo de rayo y difíciles para otro, y de allí que la variable personalidad cambia de un rayo a otro al cambiar de una vida a otra, hasta que todas las cualidades se hayan desarrollado y expresado. Esto si se acepta la idea de la reencarnación, claro. Algunas almas, debido al destino que les depara su rayo, se encuentran en determinados campos de actividad, y el campo definido de sus esfuerzos es relativamente el mismo durante muchas vidas.

Cuando un hombre ha recorrido las dos terceras partes del sendero evolutivo, el tipo de rayo de su individualidad empieza a dominar al tipo de rayo de su personalidad y, por lo tanto, regirá la tendencia de su expresión en la Tierra, no en sentido espiritual, sino en el que predispone a la personalidad a realizar ciertas actividades.

La gran utilidad del conocimiento de los rayos consiste en que le permite al individuo hallar y sentir su cualidad dominante, y después de hallada y sentida, emplearla enteramente en el desenvolvimiento de las cualidades relativamente deficientes.

Consideremos también que la personalidad puede haber sido condicionada a través de la crianza y la educación de manera desarmónica y a veces contraria a la tendencia que trae el rayo a que se pertenece, provocando una poca eficiencia en la vida. De modo que la personalidad no puede ser un buen instrumento de la individualidad, hasta que se sincronice con ella.

¿Cómo saber a qué rayo se pertenece?

  • Es conveniente hacerse una fuerte introspección, hacerse diversas preguntas. Por ejemplo:
  • ¿Estoy libre de condicionamientos para conocer realmente mi individualidad?
  • ¿Cuáles han sido mis mayores alegrías en la vida? ?Haciendo o sintiendo qué?
  • ¿Cómo he influido en los demás?
  • ¿Cuál es mi íntimo y más profundo anhelo?
  • ¿Cuál de las tres facultades de la mente me ha influido mayormente en mis resoluciones?
  • ¿Amor o comprensión y entendimiento o acción volitiva? O lo que es lo mismo, qué Predomina: belleza, sabiduría o fuerza?
  • ¿Con qué cualidades me identificó más? ¿Con qué defectos?
Estas preguntas son solamente guías, pues el conocimiento del rayo a que se pertenece, debe intuirse desde lo más íntimo del ser, para lo cual se sugiere constante práctica de meditación y visualización.





CAPITULO 6: LOS SIETE RAYOS EN EL ARBOL DE LA VIDA

Extracto monografía. Por H. Prometeo

Relación de los siete rayos con el Árbol de la Vida.

“Como lo veo personalmente cuando intentamos relacionar un esquema tan universal como es el Árbol de la Vida, con otro de índole distinta, pero que engloba también la creación completa como este de los siete rayos, nos topamos con la problemática que no existe un solo criterio de comparación, o lo que es lo mismo dependiendo del punto de vista desde el cual estemos analizando el problema es como lo podremos relacionar. Recordemos tan solo que al intentar hacer este trabajo de relación estamos clasificando y que toda clasificación por muy clara que sea es sólo una ilusión, no existe en realidad y tan sólo se echa mano de ella para fines didácticos. El Árbol de la Vida se puede analizar desde distintos niveles de manifestación; yendo desde aquel total de la Creación o manifestación, pasando por aquellos de realidad intermediaria como son el mecanismo de acción del sistema solar en el cual estamos insertos, hasta sistemas más pequeños, pero  igualmente ilimitados, como son el microcosmos, o la realidad subjetiva del ser humano.

Entonces podemos tener tantos puntos de vista de relación como sea posible.

Esto podría prestarse al entendimiento que es una simple excusa ante la posibilidad de no realizar inspiradas o felices relaciones, Sin embargo, va más allá que eso, más bien es una forma de explicar que no existen las recetas ni estructuras o clasificaciones milagrosas que nos llevarán, por sí solas, al develamiento de los misterios de la creación y de la existencia; sino que más bien esto se logra a través del trabajo constante y las distintas apreciaciones, ya que mientras más elementos tengamos o seamos capaces de realizar trabajos en forma adecuada, más cerca estaremos de la realidad absoluta.

Los siete rayos pueden aparecer en el Árbol de la Vida a partir de la Esfera de la Victoria (Netzach), si es que concedemos el hecho de que el Logos Solar se encuentra en la tríada Misericordia, Fuerza y Belleza, y especialmente representado por esta última Esfera. Entonces podemos aspirar, con una visión macrocósmica, a obtener un acercamiento a estas realidades que por el momento significarán Dios para cada uno de nosotros, en la imposibilidad de poder asimilar lo que existe más allá. Tan sólo, desde este punto de vista, una vez que nos coloquemos como parte activa en estas jerarquías planetarias o solares, podremos ampliar nuestra concepción de la deidad hasta los niveles de consciencia que representan los próximos aspectos en el Árbol de la Vida.

Pero, cuidado, recordemos que macrocósmicamente los aspectos de consciencia en el Árbol de la Vida están reflejados en el pilar del centro, y los otros pilares no son más que el reflejo de la polarización de estos aspectos de conciencia; por lo tanto, sobre la Belleza (Tiphereth), encontramos que el próximo paso es la Corona, desde este punto de vista macrocósmico, aún estamos muy lejos de Él.

Por lo tanto si el Logos Solar (nuestra concepción de Dios para nuestro desarrollo) está en Tiphereth, lo lógico es que la división septenaria se produzca en La Victoria, y por esto es que se está tratando a propósito de esta Esfera.

Pues bien, si consideramos que el Logos Solar se encuentra como conformado por la tríada Superior de Corona-Sabiduría-Entendimiento, entonces los tres rayos de aspecto, a saber Rojo, Azul y Amarillo corresponden a Fuerza, Misericordia y Belleza, respectivamente; y los cuatro rayos de atributos corresponderían a las cuatro Esferas que les siguen.

De este mismo modo podríamos relacionar o establecer las relaciones con cada rayo, ya que recordemos la creación completa se estructura en base a esta séptuple energía, y posiblemente viceversa, también podríamos hacerlo, es decir, dentro de la manifestación de cada rayo podríamos encontrar un Árbol de la Vida completo”.


(Clic en los títulos para ver los artículos)

1 Introducción
2 Siete Rayos: Historia, origen y definición.
3 Autores, definiciones y coloraciones.
4 Los Siete Rayos y una visión Astrológica.
5 ¿Cómo conocer nuestro rayo predominante?
6 Los Siete Rayos en el Árbol de la Vida.
7 Sanación con Los Siete Rayos.
8 Características de cada rayo y su manifestación en la personalidad.
Composición, color y significado.
Cualidades resaltadas en la personalidad, según el rayo.
Implicancias y manifestación en el diario vivir.
¿Cómo afectan los otros rayos a un rayo en particular?
9 Conclusiones
10 Bibliografía 

1 comentarios:

Carolil dijo...

Según lo mencionado:

Cuando se habla que la personalidad, tiene un rayo correspondiente, al parecer se relaciona con el karma pendiente, obtenido de las anteriores reencarnaciones o de la misma, por ende, ¿A medida que se resuelva dicho karma o se agrega otro, la coloración cambiaría ?
Habiendo un rayo también para el espíritu, implica ¿Qué a medida que se suspendiera mi karma, producto de resolverlo (maestro espiritual), el rayo de mi esencia (espíritu) comenzaría a brillar de forma más pura, por lo que la rueda de las sucesivas reencarnaciones cesaría?

¿Entiendo bien?

Saludos

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